Dejar la universidad

A veces me piden que mande mi CV a algún sitio para colgarlo en Internet o guardarlo en algún disco duro perdido, con la idea de justificar que soy suficientemente capaz de dar una charla en concreto o asistir a algún sitio. Yo creo que cuando lo reciben y se lo miran, de golpe y porrazo se quedan preocupados.

Empecé Ingeniería en Informática en la UPC cuando cumplí 18. A los 6 meses decidí dejarlo sin estar seguro de nada. Con el tiempo he visto que fué la mejor decisión que he tomado en mi vida, pero también la más arriesgada: No creo en la necesidad de justificar lo que sabes con un título (algo que en España se lleva mucho) pero tampoco creo que rebelarte contra el sistema vaya a servirte para llegar muy lejos. 

Cuando decidí dejarlo fué por dos motivos: Por impulso, por necesidad de querer hacer algo, y porqué no me gustaba ir cada día a clase sintiendo que no hacía nada.

Justo después empecé a dedicar todas las horas del día con Marc a que nuestra empresa, una sociedad limitada (Digital Bubble S.L.) tuviera algún cliente: Algun servicio web por aquí, alguna web personal por allá, alguna imagen corporativa por más allá… Así nos pagamos nuestros iMacs y así aprendimos lo cara que era una gestoría. Todo eso, claro, era la excusa para trabajar en eyeOS, ganando algo. Hacíamos además proyectos pequeños “de los de fin de semana” para estar siempre motivados con eyeOS.

Así que sin darme cuenta me había convertido en dos cosas: en un emprendedor precoz y en un chaval sin estudios, aunque 2 años después solucioné una de las dos cosas (la de chaval sin estudios, la otra no tiene arreglo) pasando una de las mejores semanas de mi vida en Cambridge estudiando en un sito más que curioso: un centro de formación para emprendedores. ¡Recomendado!

Ahora, 3 años después de decirle a mis compañeros de clase (algunos ahora compañeros en eyeOS) que me iba, cuando alguien me comenta que está pensando en dejar la universidad, mi respuesta suele ser siempre la misma: déjala, pero sé consciente de que te cerrarás de golpe 1000 puertas y te abrirás sólo 4 o 5, aunque de no ser así quedarían cerradas.

Mucha gente te dirá que te equivocas, tus justificaciones no tendrán valor porque te verán como un soñador y no como un emprendedor, y le regalarás un disgusto a más de un familiar. Pero déjala y ponte a prueba. En el peor de los casos volverás a estudiar con 3 años de fracasos detrás -porque no aprenderás nunca tanto como cuando fracases en algo-, y una formación que ninguna universidad del mundo te dará.

En el mejor de los casos, no querrás volver nunca.