Que se pare el tiempo

Hace bastante tiempo que cuando me preguntan ¿que has hecho esta semana? siento una extraña sensación. En 3 años y medio he visto como mis objetivos eran siempre los mismos, pero en cambio, lo que hacía en el día a día iba cambiando muchísimo.

Ha habido “épocas de conferencias” donde he aprendido a hablar, a perder el miedo a la gente y a no esconderme detrás del micro. Algo que parece una tontería, pero que hice muchas veces: ya puede el micro medir 1 centímetro de ancho, que  es muy fácil hablar mirándolo y no ver a la gente. Y aún me queda, me dicen que respondo a todos y no a la persona que me pregunta, por ejemplo.

Han habido también “épocas de programar” (cada vez menos) cuando me ponía a ayudar en programación para, por ejemplo, sacar una nueva versión. Aunque era de lo más divertido, estoy seguro que eyeOS está mejor cuando yo no lo programo… Pero sin duda son épocas de recuperar los inicios, de comer mucha pizza y ducharse poco, de no despegarse del teclado y volverse un poco autista.

Otro ejemplo, “épocas de clientes” (cada vez más) donde el día a día se basa en presentar eyeOS, en intentar transmitir la ilusión por el proyecto a un departamento técnico de una empresa, un alcalde, un director de escuela, un director de alguna empresa, en Barcelona, Madrid, Oslo, Bilbao, Mallorca… Estas épocas molan si eres capaz de darle al play muchos días seguidos y que te salga una charla más o menos digerible que convenza a alguien de que tu producto es bueno.

Unas más jodidas que otras, como las “épocas de depresión” donde se vé todo gris, cuesta dormir pensando en que hay un bache y no tiene una salida fácil, la empresa no logra (o no está preparada para) crecer, sale un competidor muy duro o te deja tu novia y eso lo notas en todos lados, con un cliente, programando o de conferencias.

Lo curioso de todas estas épocas es que no te das cuenta de que estás en ellas hasta que acaban. Así, la sensación de la que hablaba al principio es una sensación de impotencia, hasta cierto punto, por no saber contar lo que haces. No, no paras, miras tu iPhone y cada día en el calendario tiene un puntito y dentro está lleno de cosas que hacer, y te vas a dormir tarde cada día. Pero finalmente un día vas a la oficina, y te cuesta resumir lo que llevas haciendo una semana.

Aún así, todas las épocas tienen algo increíble: Hay pequeños momentos puntuales, que no te esperas, y casi nunca relacionados con lo que haces en el día a día sino con la gente con la que estás, que se quedan marcados para tu recuerdo. Las cosas que no contarías en los resúmenes de empresa de lo que has hecho durante la semana. Pero en cambio, las cosas que te vendrían a la mente cuando te preguntaras a tí mismo que ha pasado esa semana.

Un ataque de risa, un momento totalmente fuera de lugar en medio de una reunión, una preocupación puntual que acaba de golpe, un momento con alguien que siempre has admirado y seguro que no olvidarás.. Y lo mejor de todo es lo que piensas justo cuando estás dentro de ellos: que se pare el tiempo. Y si no se para, no pasa nada: mañana volverán.