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Ahora más que nunca, el problema eres tú

Cuando escribí el post de El problema eres tú lo hice pensando en una de esas situaciones que nos encontramos en el día a día, real o falsa, donde un guapito opinaba sobre la inmigración en España. Sin darse cuenta, su ignorancia era sólo superada por su prepotencia.

El post tuvo mucha más repercusión de la que me esperaba. Yo esperaba que lo leyesen unas ¿ 5 ? personas, pero alguien lo mandó a menéame y al cabo de dos días había hasta gente que me criticaba el estilo, la gramática, la manera, la pose y la cara que pongo al sonreír, imaginándose que soy un columnista de El País desde hace 35 años. Fue absolutamente genial generar tanta rabia y odio. De todo lo leído me quedo con el comentario que acababa con la genialidad “Valiente hijo de puta“: un poema. Cuando me maten espero que compréis mascaras y salgáis a la calle (si no sería morir en vano).

Pero resulta que a alguien le gustó y me comentó que le gustaría hacer un corto con un trozo del texto. Y dicho y hecho en menos de una semana, ayer me mandó el resultado y me pareció genial. Es un corto (llamado El problema eres tú) creado por Pablo González y se puede ver aquí.

Cuando lo ví me encantó y me pareció que se centraba perfectamente en la crítica a la prepotencia (¿aunque igual hay una secuela centrada en el racismo?) y así se lo dije. Mejor todavía fue cuando me contestó desmontándome totalmente el argumento:

Si, es una crítica a la prepotencia, pero también es una autocrítica a y a . El puede ser un prepotente, puede estar forrado, puede tener mucha pasta y no valorarla lo suficiente, por tanto: tiene un problema. Pero en cambio nosotros, podemos discriminarlo por el simple hecho de tener dinero, aunque no sepamos absolutamente nada de su vida, lo juzgamos como si de un asesino en serie se tratase: tenemos un problema.

Así que con eso me quedo. Desafortunadamente no me acuerdo del nombre del genio que originó todo esto con su justita inteligencia al comentar qué piensa de la inmigración desde su burbuja la burbuja de sus padres. Pero creo que podríamos dedicarle a él todo esto. Para ti, joven nacional.

Llámalo Azar

En 1850 había unos 15 millones de habitantes en España. Y dado que era una broma de país, 3,5 millones tuvieron que emigrar. Luego pasamos de ser una broma a haber algo de esperanza, así que tocó volver. Pero durante esos años, la vida continuó en América y África, donde nacieron tus bisabuelos.

Es probable que dada tu tendencia a pensar que hay razas superiores o que los immigrantes son un problema, no entiendas nada de números ni tantos por ciento, así que mejor ponerlo con algo que entiendas:

Todo eso te parecerá lejano,  pero un momento, volviendo a lo de arriba. Tienes una posibilidad entre cuatro de tener un origen inmigrante. Y tus amigos también. Así que cuando gritas moro de mierda, en el fondo estás gritando a tu abuelo. El que te cuidaba y te hacía mimos antes de que te transformaras en basura. Su padre era lo que tu llamas un moro de mierda, su madre era española y tuvo que irse allí a buscarse un trabajo. Y anda, mira tú por donde, toda tu familia salió de sus momentos de pasión.

No soy nadie para darte un consejo, así que simplemente me gustaría recordarte que cuando te des cuenta de todo esto y estudies un poco tu árbol genealógico, te arrepientas y pidas perdón. Y si no puedes hacer eso por tu orgullo, como mal menor te acuerdes de que la manera de solucionar tu problema sin disculparte es de arriba a abajo, no de derecha a izquierda:

Los cortos de Notodo

Increíble. Ayer ví uno que recomendó Eduardo en su twitter y hoy me he enganchado a ver los demás. Yo quiero hacer un corto de estos algún día… Duran unos tres minutos y son brutales. De todos me quedo con estos cuatro:

El fin del mundo (por original)
Zombie’s breakfast (por bestia)
Vermut (por real…)
Half of love (Dura 30 segundos, es genial. La perla de “los hombres son todos iguales”)

El problema eres tú

Te crees el amo del mundo. Quieres ser alguien y alquilarás tu vida a esa idea. No te preguntas qué quieres hacer los próximos 30 años para sentirte feliz. Estudiarás cualquier cosa que te permita ser “alguien” en la primera Universidad privada que veas. Tampoco te importa la nota de corte. ¿Derecho? ¿Ciencias Políticas?. Sólo sabes que quieres ganar mucho dinero. Y empezarás con los bolsillos llenos.

Mientras miras la revista de coches que te has comprado para ir abriendo boca, contando los días que te faltan para la edad que necesitas para conducir un coche, te metes en una conversación sobre la crisis que oyes en tu patio, el mismo patio que hace unas horas ocupaban los niños de parvulario. Sabes que ésta es la crisis de los pobres, que tu dinero no está el peligro. Sabes que tu paga semanal es sólo superada por tu acné. Pero te queda bien hacerte el afectado.

“El problema son los moros. Los sudacas. Los negros, los rumanos de mierda. Ellos nos quitan el trabajo. Y nos llenan los hospitales y luego no nos atienden a nosotros” oyes. Te ríes y asientes. Contestas. “Que se vayan ahora, y cuando no haya crisis, ya los llamaremos para que vuelvan y hagan los trabajos que no queremos”. Continúa tu amigo. “Ahora sólo se dedican a atracar y robar, hacen el país más inseguro. Y huelen mal”. A cada palabra te sientes más y más grande. Y vuelves a reírte. Te vas a tu casa en la moto que te regalaron el año pasado.

Ves el mundo como tu tablero de ajedrez, aunque no conoces ni la regla más básica. Y para seguir creciendo, ahora toca crearte tu propia opinión sobre la inmigración. No has oído hablar en tu vida a ningún economista, no tienes ni idea de cómo funciona un país. Pero te dejas llevar. Tú eres fuerte, no te afectan las imágenes que has visto de países pobres en tu televisor de plasma. Para ti eso está muy lejos. No te afecta, sólo es paja que ponen entre la primera y la segunda parte del capítulo de los Simpsons que en el fondo ni entiendes. Tu eres fuerte.

Vas a mear y te miras en el espejo. Te pegas un susto. Ahora tienes el pelo rizado. Eres más moreno. Tus gafas ya no son Calvin Klein. Vas corriendo a tu habitación y ya no hay tele de plasma. En su lugar hay una grieta enorme en la pared. Sales de tu casa corriendo. No entiendes nada. Ya no hay barrio chuli. Esto es lo que tu llamas un barrio de mierda.

Empiezas a correr, calles y más calles. Y ves a tus amigos, corres hacia ellos. Te ven venir. Vas a decirles que eres tú pero no puedes hablar. El primer puñetazo te lo han dado en la garganta y te vas al suelo. Te dan patadas. No lo entiendes. Son tus amigos. Tu eres la misma persona. Pero ahora con el pelo rizado. Ahora más moreno. Y te pegan y se ríen. Decides taparte la cara. No para no verlos, te la tapas para que no te vean llorar. Cuando los golpes acaban te levantas. Nadie te ayuda. La gente sigue caminando y no te miran. Ahora ya no te crees el amo del mundo.

La Fauna del AVE

Dicen que los estereotipos son injustos y bla bla bla. En el AVE te das cuenta que todo eso son chorradas y los estereotipos existen y están aquí:

  • El ejecutivo agresivo. Hombre con jersey a rombos y camisa, barriga importante e imponente y bigote modelo Franco. Se levanta y anda arriba y abajo con una voz seca (¿quizás de fumar puros en prostíbulos?) respondiendo a llamadas importantes que siempre acaban con “para eso habla con mi secretaria”. Intentan convencer al del otro lado del teléfono que hacer negocios con él es una garantía “No, mira, Pepe, escúchame, escúchame, tu lo que tienes que hacer es encontrar el canal de entrada y convencerlo y te sacas tu 20 más un 7 que te doy yo, y te dejas de tonterías. Consígueme a Telefónica o a Indra y te subo, Pepe, te subo”.
  • La ejecutiva agresiva. Mujer con traje apretadísimo modelo “Aquí estoy yo y aquí están mis pezones. Si no le gustan tengo otros”. Trabaja con su portátil y aprovecha cualquier llamada para levantar un poco la voz. Lleva un módem USB de Movistar enchufado al ordenador y disfruta viendo páginas web de PYMEs españolas. Lleva un reloj caro y unas botas cuidadosamente escogidas a partir del sonido que generan al caminar por su oficina.
  • Los Guardiola frustrados. Van en pareja. Si te toca sentarte delante de una pareja de Guardiola frustrados vas listo, mejor pedirle al conductor que pare en algún lugar y hacer un poco de turismo porque puedes acabar loco. Tienen conversaciones de una hora sobre el delantero izquierdo que está apunto de ser fichado por el Benidorm, “Es rápido… pero tiene que tener más garra. Corre mucho, pero no chuta, que no chuta, que te lo digo yo”. Siempre acaban comentando que el Madrid ganará la liga y la champions. Pobres.
  • El que mira la película. Es de los más graciosos, amigables y simpáticos. Ese al que avisarías cuando pusieras la Bomba Atómica para que se salvara. No molesta, simplemente mira por encima del asiento que tiene delante y aproximadamente cada 20 minutos suelta una carcajada que se oye desde todo el vagón. Si el AVE destaca por algo es por las películas que ponen. Y esa o ese lo sabe. Y disfruta.
  • El que se los mira a todos y lo escribe (yo) mientras escucha música en vez de trabajar.
  • El que está escuchando música y no oye que le está sonando el móvil. Ya sea ejecutiv@ agresiv@, guardiola frustrado o cualquier otro, da la casualidad que lleva un politono de Shakira que arranca alguna risa de alguien cuando ya has oído el 70% de la canción y se da cuenta que le está sonando. Después de colgar le dice al de su lado “Mi hijo, que me pone cosas en el móvil”. Ya, claro. Tu hijo te odia por no estar nunca en casa.
  • El que mira por la ventana y se aprende toda la geografía. Al final son 600 kilómetros de paisajes que no tienes oportunidad de ver cuando vas volando. No dice nada, simplemente mira. Está a tu lado y te molesta la luz del Sol que va directamente a tu cara, pero no te atreves a pedirle que baje el protector porque es probable que saque una navaja y te la clave en una pierna, a modo de aviso.

Lo más curioso es que hoy están todos. Y la semana que viene volverán a estar. Y estaban la semana pasada. Esto me hace pensar que sois todos unos actores cabrones y esto es El Show De Truman.



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